Wednesday, October 25, 2006

Los palestinos y Nasrallah

Karen Maron
Gara

Mientras el cese de fuego supera los dos meses, las consecuencias del conflicto se hacen notar aún en las cicatrices abiertas, físicas y morales, de las víctimas civiles, de la destrucción de la infraestructura y del debate constante de los sectores políticos y militantes.

Los refugiados palestinos no están excluidos de la discusión. Más aún, fueron protagonistas en la reciente contienda al ser damnificados directos de los ataques y agentes solidarios con los desplazados chiítas cuando sus líderes expresaron el apoyo al accionar de Hizbula contra el que consideran el enemigo común que les niega el derecho al retorno a su tierra.

NASRALLAH Y NASSER

«Todos los árabes estamos contentos con el triunfo de Hizbula, pero los grandes perjudicados en este conflicto fueron los palestinos porque la situación favoreció que los israelíes siguieran atacando Gaza y Cisjordania y desvió la atención», dice Salah Salah, miembro del Consejo Nacional Palestino y de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) desde sus oficinas del centro de comunicación social Ajial en la capital libanesa donde recibió a GARA.

Este hombre de 70 años, que ha dedicado su vida a la política y el servicio social a favor de los refugiados palestinos en Líbano ­cuya cifra alcanza los 400.000 y están distribuidos por todo el país en doce campamentos­, como buen zoo politikon, analiza la situación del país donde se instaló después de ser expulsado de Tabaria en 1948. «Hassan Nasrallah, además de ser el líder de los chiítas, es un líder en el mundo árabe. Es igual a Nasser en Egipto. Y Nasrallah es el líder que necesitan los palestinos. Es claro, fuerte, con carisma político y tiene llegada a la población», define Salah al jeque pro iraní. «Hay que considerar que el impacto militar es similar a Vietnam para los estadounidenses», explica después de hacer un recuento de las guerras protagonizadas y ganadas rápidamente por Israel en los últimos 50 años.

Esta «divina victoria» del Partido de Dios, como la denominan sus militantes, también es apoyada por los palestinos aunque vivan en una situación de desamparo donde las autoridades libanesas justifican a menudo la restricción de los derechos de los refugiados palestinos aludiendo a la protección de su derecho a regresar. No se les permite la ampliación o reforma de los campos de refugiados existentes y soportan la discriminación de hecho y de derecho, incluida la relacionada con su derecho a trabajar, el derecho a una vivienda adecuada y a la seguridad social y a la educación.

En Beirut, los campos de Sabra y Shatila son todo un símbolo. Enclavado en Ghoubeiry, actualmente Shatila está reconvertido en una urbanización para los pobres donde la comunidad perdió su identificación palestina. El 60% de su población son sirios, iraquíes, kurdos, sudaneses y refugiados de Sri Lanka. El mercado se extiende por su calle principal. En los puestos de ventas se puede comprar desde ropa y dátiles hasta los nuevos CD con los discursos de Nasrallah, número 1 en ventas y los más escuchados por los jóvenes.

Las condiciones son precarias, los edificios crecen hacia arriba en forma desordenada y peligrosa y los cables cuelgan como una gran telaraña sobre las cabezas. La Tumba de los Mártires, un terreno donde se produjeron enterramientos colectivos, ubicada entre la calle Abu Hassan Salamremeh y el Bulevar del Aeropuerto, es el único pero conmovedor testimonio de lo que quedó después de que el 16 de setiembre de 1982, bajo la mirada de sus aliados israelíes que rodeaban el área, milicianos cristianos entraran a los campamentos para vengar la muerte de su líder, Bashir Gemayel. Lo que siguió fue una orgía de muerte de tres días, que dejó a cientos ­posiblemente miles­ de civiles inocentes muertos.

UN ENEMIGO COMUN

Los recuerdos de la matanza se hicieron presentes nuevamente cuando la Marina israelí bombardeó por primera vez, en la madrugada del miércoles 9 de agosto, supuestos objetivos de Hizbula en el campo de refugiados palestinos de Ain Helue en la ciudad de Saida, considerado el más grande del país. La ayuda solidaria a los desplazados chiítas fue uno de los hechos más significativos del conflicto. «El pueblo palestino entiende lo dura que fue esta situación porque sabe lo que sufre un refugiado y los dos se enfrentan al mismo enemigo. En un caso atacan Gaza, en otro Líbano, donde se siente un nuevo concepto ideológico y político a partir de Nasrallah, porque Nasrallah no es Bin Laden», afirma Salah.

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